viernes 10 de julio de 2009

Ya lo pasado... ¿Pasado?

Uno va por la vida involucrándose con las personas por tiempos: Hoy estás con alguien a quien amas profundamente y tiempo después sólo lo estimarás o recordarás cuando escuches a alguien hablar de él. La gente que te importa hoy, quizá no te importe de la misma manera mañana. Los amigos que tienes ahora, no necesariamente serán los que tendrás después.


Y según yo, cuando las personas desocupan un lugar en nuestra vida, alguien más lo llena. Conservamos a las personas de nuestro presente, mientras que a las del pasado sólo las recordamos, y aunque podamos quererlas o extrañarlas, ya no forman parte de lo que somos.


Sin embargo, hace unos días tuve una sensación extraña derivada de un relevante hecho: Me fue avisado el suicidio de mi primer novio.


No es que me haga falta o lo extrañe, pues no había sabido nada de él en años. Tampoco me apena la manera en que murió dado que no encuentro diferencia entre suicidarse y electrocutarse al cambiar un foco. Ni tampoco ocurre que con su deceso me haya descubierto aún enamorada. Nada similar.


Ocurre que a pesar de haberle perdido la pista los últimos siete años y de que otras personas ocuparan su lugar a lo largo del tiempo, al final permaneció en mi historia como seguramente permanecerán otras personas que han contribuido en ella, y cuya participación ahora es practicamente nula.


Supongo que subestimé la importancia o la trascendencia de las personas en nuestra vida. Estoy conociendo la sensación de perder algo que siempre permaneció en tu vida a pesar del tiempo, la distancia y la metamorfosis de los sentimientos.


O quizá sólo estoy dejándome llevar por el sentimentalismo y el impacto producido por una noticia desfavorable, perdiendo cualquier tinte de objetividad y realismo.


¿Tenemos cabida en nuestro afecto, para albergar a todos los que alguna vez nos importaron aunque se hayan ido después?

martes 7 de julio de 2009

Antes de morir.

El sábado tuve el gusto de conocer a la única Ardilla en el mundo, que habla y escribe. Resulta que además de hablar y escribir, habilidades que ya le conocía, tiene ese don peculiar que sólo tienen los vendedores ambulantes: Es encantadoramente sensacional. Es sumamente alegre, se ríe de sus propias anécdotas a tal grado de tardar un par de horas en acabar de contar cada una, tiene los temas de conversación más variados del mundo, es por demás sencilla a pesar de tener un extenso currículum y ser del tipo de persona que seguro se sabe las capitales de todo el mundo y la biografía de todos los personajes históricos ilustres, posee un envidiable espíritu aventurero y además, pagó la cuenta.

Pero además de eso, lo verdaderamente importante es que apoyó francamente mi meta en la vida en lugar de vapulearla. Gracias a su apoyo, puedo hablar de mis metas en la vida sin avergonzarme. Aquí la lista:

1.- Preparar un huevo estrellado sin que se reviente la yema al sacarlo de la sartén: Cocinar un perfecto huevo estrellado, con la yema semicruda y jugosa, desprendido de la sartén sin complicaciones es el sueño de mi vida. Gracias a Ardilla, estoy por recibir ayuda profesional para lograrlo.

2.-Decir "¡La siguiente ronda yo la invito!" (y hacerlo, claro): Sueño con el día en que mi situación financiera me permita decir en voz alta la frase entrecomillada, provocando el júbilo de mis compañeros de borrachera.

3.-Entrar a un bar yo sola: Sí, ya sé que esto lo ha hecho todo mundo y que para nadie concierne una meta. ¡Pero para mí sí! Dada la inseguridad que se ha adherido a mi persona desde la etapa fetal, jamás me he atrevido a entrar sola a un bar para después instalarme en la barra y consumir. Ni siquiera he ido al cine sola, para empezar.

4.- Aprender a usar un tubo de teibolera: Ya aprendí a usar sus zapatos y a caminar con ellos a pesar de las ampollas producidas por su muy especial diseño. Pero antes de morir quiero aprender el complejísimo arte del tubo. Quedé prendada de la belleza de este arte el día que vi a una teibolera girar como tres horas al rededor del tubo, sostenida únicamente de sus brazos mientras sus piernas volaban con la misma gracia que las de una bailarina emulando un cisne, sin que mostrara alguna señal de cansancio.

No sueño con aprender otro idioma, conocer otro continente, estudiar una maestría, llevar el Evangelio a los marginados, transmutar mi energía sexual, escribir un libro, adoptar un niño camboyano o plantar un árbol. Eso es demasiado pretencioso para mí.

Yo sólo quiero un huevo estrellado.

sábado 4 de julio de 2009

Aprendizajes obtenidos durante mi primer mes de trabajo

1.- He aprendido sobre las principales secretarías que funcionan en mi país. La primera vez que me dieron la orden comunicarme con la SOP, creí que tenía que llamarle a la Señora del Ovario Poliquístico. Hoy, ya sé que SOP significa Secretaría de Obra Pública.

2.- He aprendido que sería muy amable por parte de todos los reclutadores, que en sus anuncios de periódico donde solicitan personal, anoten siempre: "Acostumbrado a trabajar bajo presión" cuando esto sea una condición inherente al empleo. También sería amable que especificaran condiciones como: "Acostumbrado a hacer trabajo de chalán pero con tacones", "acostumbrado a que se le culpe por fallas en aparatos electrodomésticos, sin razón" o "acostumbrado a cobrar su quincena morosamente".

3.- He aprendido que el término 'terrorismo fiscal' no está mal fundado. Eviten, hasta el último de sus días, darse de alta en Hacienda. (Gracias al BuenasChambas por prevenirme con sus historias de terror sobre impuestos, adeudos hacendarios y similares).

4.- He aprendido que nunca está de más invertir en un traje sastre. Aunque crean que nunca lo usarán, compren uno para la posteridad. Eso les evitará entrar en crisis una noche antes de tener una reunión, y les evitará también la pena de tener que usar un saco con hombreras -que hace parecer a quien lo porta como jugador de futbol americano- color azul baño, de alguna tía piadosa que se los preste. Por favor: No gasten todo su dinero en cerveza, mujeres o papas a la francesa. De vez en cuando compren un pantalón de vestir o un saco.

5.- He aprendido que la Constitución Política de nuestro país y la Declaración de los Derechos Humanos de Pueblos y Personas Indígenas sustentada por la Procuraduría de los Derechos Humanos de Guanajuato sólo sirven para adornar los costosos libreros de las oficinas de los funcionarios públicos.

6.- He aprendido que en las juntas y reuniones hay que fingir que se está poniendo atención, aunque en realidad estemos pensando en las ricas papas a la francesa de hace dos puntos. Esto, con la intención de que en los registros fotográficos no quede evidenciada nuestra desconexión con el tema tratado.

7.- He aprendido que es estrictamente necesario borrar el historial de navegación de la computadora bajo tu cargo. Eso puede ayudarte a conservar tu empleo.

martes 30 de junio de 2009

Únete a los optimistas

Es verdad que no me agradan las personas cuyo pesimismo es su carta de presentación. Aquéllas cuyas conversaciones nunca se extienden más allá de su inconformidad o que se apegan fielmente a la primera Ley de Murphy.

Sin embargo, debo admitir que aborrezco aún más a las personas optimistas. Aquéllas con las que uno no se puede quejar cómodamente porque para todo tienen un comentario consolador. Siempre dicen: "Pero no pienses así, piensa que...". Siempre se ríen, saludan, sonríen, creen firmemente que las adversidades son para mejorar. No conocen la frustración, nunca están de mal humor, poco saben del desgano y la decepción. Nunca apoyan a alguien cuando se queja por la ineptitud del servicio de una oficina gubernamental ni se suman al pesar de una persona cuando algo no le ha salido como lo esperaba. Ante éstas u otras adversidades siempre sonríen, jamás asignan la culpa a alguien, nunca se les oye decir: "Es un desgraciado patán, después de lo que te hizo merece sufrir gonorrea" u otras frases que ayudan a uno a sentirse comprendido. Siempre tienen una explicación optimista para los grandes infortunios de la vida. Nunca tienen una opinión peyorativa de nada ni de nadie. Confían en que absolutamente todo a su al rededor obra de alguna manera misteriosa que al final les proveerá de algún beneficio. Están convencidas de que en la vida, todo se soluciona con una buena actitud y que los problemas se incrementan o se agravan cuando ésta no es la adecuada.

Es verdad que las personas pesimistas, quejosas y preparadas para las adversidades aun sin probabilidad de que éstas ocurran suelen ser desesperantes; pero al menos me parecen confiables.

¿Cómo confiar en un ser humano que siempre sonríe? ¿Que nunca siente un disgusto? ¿Que nunca siente antipatía por alguien? ¿Cómo podríamos confiar en alguien a quien todo le resulta bueno, óptimo, útil para mejorar? ¿Cómo confiar en la franqueza de alguien a quien le pisan el dedo pequeño del pie o le salpican del agua de un charco, y no expresa ninguna contrariedad? ¿Cómo podría ser considerada confiable una persona que no experimenta sensaciones tan mundanas como el desánimo, emociones tan reales como el enojo, e intenciones tan humanas como el deseo de regresar un daño?

Creo que, aunque no deseara admitirlo, pertenezco al otro bando: Negativa, oscura, pesimista y siempre preparada para la catástrofe. Irascible, insoportable y mezquina. Pero capaz de maldecir cuando alguien pasa por encima de mi dedo chiquito del pie.

viernes 26 de junio de 2009

Razonamientos verdaderamente inteligentes, derivados de la muerte de Michael Jackson

Conversación ocurrida ayer por la tarde:
Yo: Malle ¡Se murió Michael Jackson!
Malle: ¡¿Y entonces cómo va a venir a México!?
La muerte de Michael Jackson no fue en balde: Sirvió para que yo confirmara que mis amigos son capaces de elaborar discernimientos verdaderamente brillantes.

martes 23 de junio de 2009

Menstruación

Al igual que tener un hermanito o ingresar a la primaria 'para aprender mucho', la menstruación fue una de tantas cosas que deseé tener y que cuando obtuve, ya no quise.

Quizá mi anhelo por tenerla obedecía a la apreciación que mi mamá le tenía a tan importante evento en la vida. Ella sostenía que una niña se convertía en 'señorita' cuando la menstruación aparecía, lo que a mí me resultaba fabuloso. Envidiaba abiertamente a mi hermana y a mis primas por haber sido visitadas por la menarquía antes que yo. Así como las niñas normales desean un ponny, yo deseé tener mi menstruación.

Me resultaba excitante la idea agendar en el calendario mes a mes la reaparición de la menstruación. Me parecía irresistible incluir el término "mi período" en mi vocabulario. Sentía que intercambiar opiniones sobre toallas sanitarias y tampones era interesantísimo.


Sin embargo, cuando comencé con ese largo transitar femenino, la decepción fue enorme al descubrir que nada había cambiado y que 'convertirse en señorita' no hacía más especial a nadie. También descubrí que tener cólicos cada mes no era para nada una actividad interesante, como tampoco lo era volverse sensible y llorona -aún más- durante unos días al mes. Así mismo, descubrí la farsa expuesta por los comerciantes de toallas femeninas quienes aseguran que tu vida sigue igual siempre y cuando uses sus productos. Entendí también que el dolor en los pechos dos o tres días antes de comenzar a menstruar no era nada, pero nada deseable como tampoco lo es tener que posponer eventos que incluyan nadar o fornicar.

Sin embargo, siempre hay algo qué rescatar entre la podredumbre, y en el caso de la menstruación también.

Olvidando la estafa de la que fui objeto hace ya unos ayeres al sobrevaluar el hecho de menstruar, pienso que de no existir la menstruación ¿cómo podríamos respirar aliviadas las mujeres cuando sospechamos que hemos engendrado una réplica nuestra, si no es con la evidencia física que provee la menstruación?
Tendríamos que recurrir entonces, al análisis clínico cada vez que sospecháramos de la falibilidad de los recursos anticonceptivos a nuestro alcance, método que no es discreta ni económicamente proporcional a la más o menos confiable menstruación.
Por eso, yo digo que la naturaleza es sabia. Y que la menstruación, después de todo, no es tan inútil.

viernes 19 de junio de 2009

Sobre la vanagloriosa sensación de saberse extrañado

Platicaba con un compañero de mi antiguo trabajo. Me dijo que El Rey Lagarto me extrañaba.

Evidentemente, Morrison no está en su tumba resintiendo mi ausencia; sino el lavacoches que se hacía apodar así.

Cada tarde se tomaba algo de tiempo para visitarme y platicar sobre las nimiedades de la vida. A veces sólo aparecía para pedirme que le cambiara un billete y otras veces se quedaba conmigo para compartir juntos algo de nuestro fanatismo Beatle o para discernir sobre la problemática de la existencia humana.

Luego opinó sin necesidad sobre mi afición por los escotes con lo que le perdí algo de confianza, aunque nuestra rutina vespertina siguió estable de tal forma que hoy declaró extrañarme.

No: No soy el tipo de persona que cree que cuando deja un lugar, éste se cimbra y todos sus moradores enloquecen incapaces de reponerse a su pérdida.
Sin embargo, ello no me blinda contra la mundana, pérfida, vacía y pecaminosa pero gloriosa sensación de saberme extrañada. Menos, cuando toda mi vida me ha parecido ser casi invisible y atravesar por la vida de los demás sin generarles un respingo siquiera.

Y es que estarán de acuerdo que uno no extraña a las personas que no nos produjeron nada. No extrañamos a los maestros promedio cuya clase aprobamos sin complicación pero sin gusto, a los compañeros silenciosos cuyo nombre desconocemos, a los amantes regulares cuyas labores no trascienden en nuestro historial ni a las secretarias que no son groseras pero que tampoco ofrecen café.

Uno extraña a las personas que contribuyeron a que nuestra vida fuera más rica o más miserable. Y cuando lo extrañan a uno, significa entonces que algo hicimos para que la vida de alguien más fuera un poco más rica o un poco más miserable.

No deja de hacerme sentir bien saber que por primera vez alguien extraña algo que obtenía de mí. Es una actitud, como dije, vacía, vana e inmadura pero gloriosamente reconfortante. Nadie extraña la forma en que barría o limpiaba las vitrinas, nadie extraña la manera en que confundía a los clientes al darles instrucciones, y mucho menos nadie extraña mi afición por soplarle al polvo en lugar de aspirarlo.

Pero alguien extraña algo de mí. No importa cuántos escotes haya en el mundo: el lavacoches con complejo de rockero extraña el mío.

martes 16 de junio de 2009

Sobreviviendo a la hepatitis

No me volví una ejecutiva bien pagada ni tampoco olvidé la contraseña de mi cuenta en Blogger, así como tampoco he decidido sorpresivamente que contestar comentarios o visitar blogs es una pérdida de tiempo; la razón de mi casi imperceptible desaparición es que contraje una enfermedad de ésas que logran que el mundo te trate como si fueras leproso.
Y no, no me tratan como leprosa porque haya contraído lepra.
Me tratan como leprosa porque contraje hepatitis, y como en estos días adquirir un medicamento cuyo costo se acerca a los mil pesos para disminuir las reacciones orgánicas de dicho padecimiento no es lo más deseado por los muchos entes humanos que me rodean, la opción más sensata y humana que les queda es, esa misma que ustedes habrían resuelto también: Encerrarme -junto a mi adolescente e igualmente hepatítica hermana- en la torre más alta de este castillo a sufrir las penurias ocasionadas por mi mal; mientras mi recibo de honorarios adelgaza casi tanto como yo por los días no asistidos a laborar.
Así es, pues. He visto Friends y Two and a Half Men hasta el hartazgo. Descubrí que Fox no tiene otra película para proyectar que aquella que protagonizan Brittany Murphy y Ashton Kutcher que resulta muy graciosa las primeras 2,492 veces que se ve, pero que a partir de la proyección número 2,493 comienza a ser aburrida. Confirmé que estoy sola como perro -sarnoso y con cataratas- y que recibir mayor número de llamadas provenientes de Banamex que de algún buen amigo no fue casualidad. Descubrí que la bulimia es un excelente ejercicio para tonificar el abdomen (¡Maravilloso!). Confirmé que mi madre me ama mucho y que yo jamás podré amar a un hijo como me ama ella a mí ya que jamás podría hacer por un hijo vomitivo y amarillento lo que ella hace por esta vomitiva y amarillenta hija suya. Descubrí a Ernesto Sábato y pasé gratos momentos meciéndome en la silla mecedora que toda mujer enclaustrada debe tener, mientras leía El Túnel. Usé la báscula casi a diario y ahora me place comunicar que la inflamación de mi más o menos útil hígado me ha dejado un peso de 51 kilos, por lo que también aprovecho para suplicar por nuevos pantalones, o cinturones en su defecto. Confirmé, una vez más, que las teorías sobre las necesidades sociales del hombre no están erradas y que, efectivamente, todos estamos condenados al contacto social.
Y desvarié, claro.
Lo importante aquí es que sigo viva y en un par de días más habré de reincorporarme a mis actividades (laborales, blogueriles, familiares, económicas, y espero que también sexuales) de manera habitual.
Mar 1.
Hepatitis 0.

lunes 8 de junio de 2009

Love hurts?

Toda mi vida he escuchado que el amor duele. He considerado ello como una verdad irrefutable. Que, como es bien sabido por todos, el amor no tiene nada que ver con el enamoramiento que sí es una etapa deliciosa porque provee de puros beneficios; por lo que vivirlo poco tiene qué ver con la placenterísima sensación de estar enamorado.

Cuando vi a aquel hombre sufrir profundamente por el abandono de su esposa, cuando supe de aquella otra mujer que desesperada intentaba ser amada por su pareja en el mismo nivel en que ella lo amaba a él, cuando yo misma perdí tantas noches de mi vida extrañando hasta la entraña al hombre que jamás me amó; le di la razón a José José, a Nazareth y a todos aquellos cantantes que le dedican títulos dolorosos y funestos al amor.
Entendí que si bien, el amor puede ser la mejor de las experiencias, también puede colocarte en el otro extremo, y puede herir, doler y trastornar.
Sin embargo, el otro día escuché la opinión de una figura pública, quien decía que si te duele, si pierdes tus días sufriendo, si el recuerdo o la misma relación te hiere, no se trata de amor. ¿Cómo podría ser amor si sólo te hace sufrir?
Ese juicio me ha hecho perder la cabeza desde el día que lo escuché. Y me ha hecho perder la cabeza porque estoy considerando que sea verdad.
Que quizá el hecho de que nos enseñen que el amor duele es la actitud de una sociedad retrógrada. Que quizá equivale a enseñarles a las niñas que cuando sean 'grandes' deberán mantenerse al lado de su marido, incluso si éste resulta alcohólico, golpeador o vividor.
Que quizá la enseñanza de que el 'amor duele' lejos de ser un pensamiento poético es el reflejo de una sociedad masoquista que nos enseña a soportar el dolor y a vivir con él cuando no deberíamos; que nos enseña que para que haya felicidad, debe haber dolor.
Es cierto que todo tiene un precio y que nada puede ser completamente positivo. Sin embargo, opino que la creencia de que el amor debe doler está monstruosamente errada. Cuando creemos sufrir por amor, en realidad estamos sufriendo por otras causas que a veces logran mimetizarse y confundirse, pero en realidad no se trata de amor, porque éste y el dolor no fueron hechos para complementarse.

martes 2 de junio de 2009

Interpretaciones

Una amiga solía regresar de la escuela a bordo del coche del muchacho que le gustaba, pues él se ofrecía a llevarla ya que su casa le quedaba de camino. Cuando llegaban hasta ahí, él detenía el auto, se bajaba y le abría la puerta a ella desde afuera, gesto que ella interpretó como muestra de caballerosidad y signo inequívoco de la atracción.

El tiempo pasó, mientras ella esperaba escuchar de él alguna confesión que explicara el por qué de sus entonces apreciadas como caballerosas actitudes; cosa que nunca sucedió. Después se enteró de que su caballeroso prospecto le abría la puerta a todas -y a todos- los pasajeros que le acompañaran a bordo de su automóvil, pues éste tenía un desperfecto y resultaba imposible abrir la puerta del copiloto desde dentro.
Con lo anterior, ella entendió finalmente que había pasado meses malinterpretando las acciones del coprotagonista de esta historia, pues no significaban lo que ella se hizo creer.

La historia me resultaba jocosa y me causaba mucha gracia, hasta que caí en la cuenta de que también se trataba de mi caso y el de toda la humanidad. Dado que la conducta humana es tan especial por no tener un significado universal, todos estamos destinados a interpretar las acciones de los demás: A suponer que los silencios son consentimientos, que las respuestas monosílabas denotan molestia, que las ausencias son desinterés y que las puertas abiertas desde fuera muestran caballerosidad, cuando en realidad la verdadera intención de esas u otras acciones puede distar monstruosamente de la que nosotros introyectamos.

Me inquieta pensar que mientras no se publique un manual de equivalencias entre acciones y equivalencias emocionales, seguiremos equivocándonos como aquella mujer a quien le abrían la puerta, al intepretar las razones de la conducta de los demás.

lunes 1 de junio de 2009

Quejas, segunda parte.

Cuando alguien se meta en la fila y llegue a la ventanilla ilícitamente antes que tú que llevas dos horas formado, cuando tus papás le den domingo a tus hermanos y a ti no, cuando la maestra te deje sin recreo sin tener una razón suficiente...

...No te quejes.

Eso te conseguirá un empleo cuando seas grande.

(En vista de que no soy muy buena dando noticias de manera implícita, quiero dejar claro a la comunidad que me lee que sí me dieron el trabajo. Gracias a todos los interesados.)

viernes 29 de mayo de 2009

Quejas

Hoy fui a la segunda entrevista del trabajo por el cual estoy esperando. Todo iba muy bien: Me sentía alentada por los comentarios de mi entrevistadora, respondía con una óptima mezcla de fluidez y mesura cada pregunta planteada y me sentía confiada por el buen estado en el que se estaba desenvolviendo la entrevista.

Hasta que apareció cierta pregunta. De ésas que no sabes responder, de las que antes de que terminen de planteártelas ya pensaste trescientas doce formas diferentes de contestarlas sin que ninguna te convenza, de ésas que parecen estar hechas para poner en dificultades a quien van dirigidas:

"Si se te presentaran dificultades o tuvieras inconformidades en la ejecución de tu trabajo ¿Las comunicarías a alguien? ¿Las expresarías o las preferirías conservar para ti?"

Contesté con toda la templanza y la sensatez que me fue entregada en esta vida diciendo que estoy convencida de que las adversidades que se le presentan a uno, le pertenencen, precisamente a uno y que nadie es responsable de ello más que uno mismo; por lo que no me parecía viable entorpecer el trabajo de los demás con quejas y lamentos cuya solución me pertenecerían a mí únicamente. En resumen: No, no expresaría ninguna inconformidad.

El gesto de la entrevistadora sufrió una transformación después de mi último argumento. Pasó de ser una mueca sonriente a una dubitativa, hecho que me informó que el logro de llegar hasta el último de los filtros de la selección, había valido un carajo.

Después de preguntarle a todas las personas a mi al rededor cómo contestarían, supe que había errado mi última oportunidad para mejorar mi currículum. Resulta que quejarse inclementemente, exponer las inconformidades y redactar memorándums expresando desacuerdo son actitudes deseables en un empleado modelo. Que no quejarse, apechugar y hacer tu chamba sin respingar es la actitud de un empleado sin carácter incapaz de reclamar por las injusticias.

Por eso, a partir de hoy, me quejaré por cada vez que me hagan quedarme a trabajar horas extras, que hagan inventarios que comienzan en la madrugada y terminan en la noche y cada vez que mi patrón ensucie mi piso recién trapeado.

De haber sabido que las quejas hacían ver más interesante a un empleado, habría empezado a verbalizarlas desde mi primer día de trabajo.

martes 26 de mayo de 2009

Conclusiones sobre las búsquedas en Google

He notado que mi entrada sobre los grandes inventos de la humanidad ha conducido a muchos navegantes hasta este sitio por error. Pensando en todas esas almas que llegan hasta este lugar buscando la historia de la licuadora, la crema humectante, la plancha para el pelo y otros, me di a la tarea de seguir la pista de todas las demás que buscan respuestas que evidentemente no hallarán en este espacio.

Entre las búsquedas que seguramente resultaron infructuosas están éstas, que son las frases tecleadas en Google que condujeron ciegamente a alguien hasta este lugar:

¿Qué diferencia hay entre el vello púbico y el cabello de las mujeres?
Fotos de chicas velludas que no se depilan.
Ternura apodos.
Me está saliendo mucho vello entre las piernas. Tengo 24.
Ruptura amorosa sentirse perdedor.
Las axilas peludas del pasado.
Mujeres que se comen todo el pene.
Cómo destapar botellas con los dientes.
Enfermedades en el pene. Cosas blancas en el pene.
¿Cómo avejentar un pantalón de mezclilla?
¿Cómo ver las conversaciones de un contacto de messenger?
¿Cómo entablar conversaciones con la gente?
Un ciberamigo se conecta y no me habla.

De lo anterior podemos concluir lo siguiente:
1.- Si quieres tener muchas visitas -aunque accidentales- en tu blog, escribe entradas con la palabra 'vello' o 'pene'.
2.- La gente aún tiene miedo a ir al doctor y piensa que Google va a diagnosticarles correctamente su padecimiento de hirsutismo o gonorrea.
3.- De igual forma, la gente aún le teme al psicólogo y piensa que Google va a darles un manual on-line sobre cómo superar un evento doloroso de la vida, sobretodo los relacionados con rupturas amorosas.
4.- Los manuales de bolsillo deben producir ganancias millonarias a las editoriales que los publican. "Cómo destapar botellas con los dientes", "Cómo entablar conversaciones con la gente" y "Cómo avejentar pantalones de mezclilla" serán mis próximas publicaciones, con las que espero volverme millonaria.
5.- No soy el único ser humano que no sabe lidiar con el rechazo. Algunos hasta buscan la explicación del rechazo del que son objeto vía messenger, a través de Google.
6.- Los novios y novias psicópatas están a la orden del día. Todavía hay quiénes pierden su tiempo tratando de averiguar como hackear la cuenta de correo o msn de cierta persona en especial para saber de qué habla con otras personas. De miedo.
7.- Más miedo damos aquéllos que no tenemos nada qué hacer de nuestras vidas, y que nos tomamos el tiempo para darle seguimiento a los parámetros de búsquedas erradas de otros cibernautas, y hasta nos damos a la tarea de publicar una entrada con ellos.

miércoles 20 de mayo de 2009

Primeras veces

Veía con mis hermanas el refrito de Beverly Hills 90210, -que ahora sólo se llama como la zona postal- un domingo por la tarde.

En una escena, aparecían dos de los protagonistas frente a frente, preparándose para lo que sería la primera relación sexual entre los dos, y la primera de ella. Poco después, todo se viene abajo cuando ella comienza con las últimas reflexiones antes de proceder a entregar eso que ha guardado por tanto tiempo y cuando él cuestiona la manera en que el sexo habrá de empobrecer o enriquecer su relación.

Y entonces, terminan durmiendo en camas separadas.

Mentiría si dijera que cuando era muy joven, no esperé que 'mi primera vez' fuera un momento especial que resultara romántico y de ensueño donde participara un hombre caballeroso y amable, casi salido de una telenovela para quinceañeras.

Sin embargo, llegada la hora, poco importó que la cama no estuviera tapizada de pétalos de rosas, que el voluntario en cuestión no me dijera que me quería y que no me mirara a los ojos arrancándome el aliento, que al terminar no se acurrucara cariñosamente detrás mío para dedicarme unas cuantas palabras amorosas y de gratitud, así como tampoco importó el hecho de que yo supiera que después de compartir las sábanas el interés que el tipo sentía por mí sufriría un notable descenso.

No acabo de entender a qué se debe esa fascinación por la primera vez.

Todas las mujeres recordamos nuestra primera vez. ¿Y por qué si, generalmente no resulta nada trascendental?

Es como aferrarse a recordar el primer Gansito que comimos en nuestra vida: ¿De qué sirve? ¡Si después de ése hubimos de comer otros trescientos!

Recordamos nuestro primer día de clases, nuestro primer día de trabajo, nuestro primer beso y muchos otros primeros escenarios. Nos preparamos para inaugurarnos con éxito en algo desde la primera vez que lo intentamos y parecemos empeñados en valorar la experiencia desde la primera vez que la vivimos.

¿Y por qué importa tanto si sólo es el principio?

¿Por qué creemos que la primera vez que intentemos cualquier cosa tiene mayor validez que el resto del tiempo que lo hagamos?

martes 19 de mayo de 2009

Rechazo

Recuerdo la primera vez que me rechazaron: La década de los noventas comenzaba y yo me encontraba iniciando la primaria. Desde el primer recreo, parecía que todos se conocían desde hacía años. Se reunían en pequeños grupos de niños que jugaban a los encantados, los pajaritos o a las comadres parlanchinas que toman té invisible; así que deseando sumarme a su diversión, me acerqué al grupo de las niñas que simulaban ser comadres.

"¿Me juntan?" dije con un susurro que apenas yo pude oír, mientras mi cabeza se mantenía hundida entre los hombros y mis ojos se asemejaban a los de un perro regañado.

Segundos después conocí el rechazo, que provino de una niña cuya mirada carecía de la misericordia que cualquier persona en mi lugar habría agradecido sinceramente.

Hoy, no sé si a razón de ello o de otras causas no especificadas, me es casi imposible exponerme a una situación que pueda derivar en rechazo.

Agradezco a Dios haber nacido niña, pues de lo contrario, temiendo una negativa jamás me habría arriesgado a declararle mi amor o mis intenciones puramente sexuales a una mujer. ¡Gracias a Dios que me tocó estar del otro lado del cortejo! Agradezco por mi empleo y por mi historia familiar, así como mi salud física -la mental no- que jamás me ha valido por un cuchicheo o un par de niños señalando con los dedos.

Admiro sinceramente a los promotores de tarjetas de crédito que las ofrecen a personas que los rechazan casi pronunciando un 'shushushú' como si se tratase de un leproso, admiro a los hombres que siguen intentando flirtear con las mujeres que les gustan a pesar de que su historial de conquistas mantiene una gran cifra de rechazos, admiro a las personas que incansablemente se presentan en todas las entrevistas de trabajo no obstante de los gestos reprobatorios que les han hecho en más de una, admiro a los actores que acuden a todas las audiciones posibles a pesar de que en cada una resulten vapuleados.

Pero sobretodo admiro a las niñas que siguen preguntando en cada recreo si pueden unirse a un grupo para tomar el té; porque esas niñas habrán superado el rechazo y cuando crezcan no estarán detrás de un monitor escribiendo una entrada basada en el mayor de sus miedos.

jueves 14 de mayo de 2009

El halago del día

No, no es "tsss... güerita", ni "qué bonito te quedó ese puerquito que dibujaste en la pared" ni "se te ve bien ese pantalón" ni "qué gusto me da que me atienda usted".

La frase halagadora del día de hoy es:

"Tus comentarios rifan machín perrón".

Gracias por restaurar mi ego. Nunca nada hecho por mí había recibido un par de apelativos tan honorables como éstos.

sábado 9 de mayo de 2009

Crónica de una entrevista de trabajo anunciada.

Debido a que una o dos veces al año me da algo de culpabilidad no ejercer mi carrera, me dedico a buscar trabajo relacionado a lo que estudié; así que a razón de ello, hoy pasé una hora de mi sábado sometiéndome al riguroso proceso de selección de auxiliar para consultorio psicológico.

Al entrar al consultorio, practiqué todos los trucos para una entrada más o menos triunfal: Sonrisa para anuncio de pasta dental, respiración contenida para reducir la barriga y las nalgas erguidas para mejorar la postura. La mujer detrás del escritorio me recibió con la acostumbrada sonrisa de un entrevistador.

Y comenzó la inquisición.

¿Por qué te interesa el empleo?
¿Por qué buscas empleo si actualmente tienes uno?
¿Cuáles son tus cualidades más importantes?
¿Cuáles son tus defectos?
¿Cuál es tu experiencia profesional?
¿Qué área de la psicología te interesa y por qué decidiste estudiarla?
¿Cuánto te visualizas ganando?
Y sobre tu vida personal: ¿Con quién vives?
¿Tienes novio?
¿Qué esperas de la vida?

Habría querido responder que el empleo me interesó porque estoy harta del mío y que por ello envié mi currículum, que mis cualidades más rescatables son que camino a la perfección con tacones y que mis pestañas con rímel son excelentes candidatas para anuncios de belleza, que mis defectos son tantos que no acabaría de enlistarlos y que para ser sincera yo misma no me contrataría para ningún empleo; que decidí estudiar psicología porque me vi acorralada y que en realidad no me interesa ningún área, que me visualizo ganando lo suficiente para comer y pagar mis deudas porque veo lejanísima la posibilidad de encontrar un empleo que me remunere lo suficiente como para comprarme una casa, una lancha y un perro con pedigrí. Que mi experiencia profesional está respaldada por los años que pasé limándome las uñas en el consultorio de la universidad. Habría querido contestar que no sé con quién vivo pues mi morada actual no ha dejado de ser meramente provisional, que no tengo novio porque estoy convencida de que jamás podré entablar una relación sana y exitosa con ningún hombre y que lo que espero de la vida es simplemente no amanecer en el fondo de una barranca o librarme del deshonroso buró de crédito.

Pero no. Respondí como siempre: Que me interesa el empleo porque me parece una buena oportunidad para crecer y acercarme a lo que estudié. Que jamás dudé de mi carrera y que me apasiona profundamente. Que mi experiencia profesional data de hace varios años cuando comencé a diagnosticar y tratar niños, adolescentes y adultos. Que mis cualidades más importantes son mi compromiso, mi responsabilidad y mi astucia; mientras que mi defecto más sobresaliente es mi indecisión, pero que he sabido sobreponerme a ella. Que considero que la vida es netamente circunstancial y que planear a largo plazo no me parece viable, por lo que no estoy aspirando a un sueldo específico. Que vivo con mi mamá y mis hermanas, pero que mantengo una buena relación con mi papá, y que no tengo novio porque por el momento no lo estoy buscando pero que no estoy cerrada a la posibilidad de formalizar con alguien que llegase a agradarme lo suficiente.

Después de ello, me explicó brevemente en qué consistía el empleo. Luego de un par de sonrisas medio francas y la frase típica de un hombre que flirtea en un antro ("Yo te llamo") nos despedimos.

Supongo que no lo hice tan mal. Que mi sarta de mentiras fue relativamente exitosa, ya que al concluir con ellas, la entrevistadora me dijo que le había caído muy bien y que estaba muy interesada en mi trabajo. Pero luego lo dudo. Si algo me han enseñado los patanes de mi vida, es que nunca hay que creerle a alguien cuando dice que 'específicamente tú' le interesas. Seguro eso le dijo a todas.

Sin embargo, no puedo negar que estoy ansiosa por descubrir el alcance que tuvieron mis mentiras.

martes 5 de mayo de 2009

Caballerosidad

Hace algún tiempo, cuando comenzaba a conocer a cierto hombre, después de recibir sus constantes y aparentemente sinceras muestras de atención y preocupación hacia mi persona, le comenté lo satisfecha que me tenía su caballerosidad.

Él se sacudió mi halago como si se tratara de un apelativo negativo similar a ser americanista o seguidor de López Obrador. Me dijo, casi con indignación, que él era amable, mas no un caballero porque tratar a las mujeres como minusválidos no le placía.


Sé que hay muestras de caballerosidad que me son innecesarias o absurdas; como el hecho de que los hombres se empeñen en abrir la puerta del automóvil desde afuera para auxiliar a la mujer en la nada compleja tarea de salir de éste.


Sin embargo, otras muestras de caballerosidad, más útiles y menos estorbosas, me siguen pareciendo deseables.


Agradezco, por ejemplo, al caballero que se priva del uso de su chamarra la misma tarde en que descubro que vestirme con una blusa de tirantes fue una mala elección dadas las condiciones climáticas del día. Disfruto del caballero que no se gira sobre su hombro para enredarse en la sábana hurtando la parte que a mí me corresponde, cuando ambos habitamos la misma cama. Me deleita el caballero que sabe ceder el paso, el asiento o la palabra. Disfruto también de aquél que ofrece un hombro o un brazo, cuando los tacones de su acompañante la han traicionado.

Nada de lo anterior me hace sentir como minusválida o como mujer retrógrada que sólo sirve para zurcir y cocinar.

Opino que muchas ocasiones, las mujeres demasiado comprometidas con la liberación femenina o el 'woman power', así como los hombres temerosos de lucir menos rudos de lo que desean, olvidan que ser gentil no significa subestimar las capacidades de la otra persona ni las propias, y que la fortaleza de una mujer nada tiene qué ver con el hecho de asirse del antebrazo de un hombre.
El problema es que nos hemos preocupado tanto por crear equidad entre la mujer y el hombre, que hemos olvidado que a algunas de nosotras, aún nos gusta sentirnos resguardadas por un caballero, sin que ello signifique renunciar a la posición de igualdad por la cual la mujer ha luchado durante años.
Yo, al menos, sigo agradeciendo al buen caballero que me ofrece ocupar espacio junto a la pared, cuando ambos caminamos por la acera.

miércoles 29 de abril de 2009

La verdad os hará libres

...Pero la ignorancia os hará felices.

Me dijeron que tronarme los dedos -fascinación mía desde hace diez o doce años- me causará algún tipo de deformidad, artritis reumática o inflamación de los ligamentos cuando sea más vieja. Ahora, debido a ello, soy un poco menos feliz de lo que era antes de saberlo porque cada vez que los huesos de mis dedos truenan, recuerdo el infortunio que me espera dentro de unos años.

Es decir: De cualquier manera, seré una mujer artrítica cuando tenga sesenta años, pero con la diferencia de que de no haberlo sabido, habría sido más feliz durante el tiempo que hice crujir mis falanges.

Pienso que la gente que ignora las condiciones de su situación es mucho más feliz que quien las conoce.

Puede uno saber que se aproxima una crisis financiera terrible que orillará a todo ciudadano a beber agua de los charcos, que nuestra pareja tiene amoríos repartidos por todos lados, que fumar causa cáncer y el alcohol cirrosis, que Corea del Norte tiene tanto armamento nuclear que da miedo, que según los gnósticos fornicar genera karma de manera monstruosa o que la influenza está contagiando a muchas personas de manera alarmante.
¿Y de qué sirve saberlo, si de cualquier modo, uno no está dispuesto ni capacitado para corregir las desavenencias que lo anterior representa?
Sé de sobra lo mediocre e inmaduro que resulta decir que es preferible ignorar los detalles de una situación o las consecuencias negativas de un acto con el fin de no perturbarnos y hacer más cómoda nuestra estadía; pero en verdad resulta muy práctico.
Buscamos incansablemente la verdad. Nos enseñan que nos liberará del yugo de la ignorancia. Declaramos que no estaremos tranquilos hasta conocerla.
¿Y para qué, si sólo nos vuelve miserables?
Yo prefiero seguir tronándome los dedos.

sábado 25 de abril de 2009

¿De qué platica la gente?

Mi cuenta de messenger se ha vuelto inerte. De los contactos que aparecen enlistados, no consigo tener una plática de principio a fin con ninguno. Después del habitual saludo, el connato de plática perece, terminando su corta vida cuando me veo obligada a cerrar la ventana.

Los dos ejemplos más representativos de mis conversaciones en messenger son:

1.
-¿Qué onda? ¿Cómo estás?
-Bien ¿Y tú?
-También.
-Ah, qué chido.
(Seguido del silbido del aire como si dos bolas de paja rodaran por el desierto).


2.
-Hola ¿Qué haciendo?
-Nada, aquí nomás.
-Ah, pues eso está bien.
-Sí. Bueno, te dejo porque tengo mucho trabajo.
(Y me deja con la incertidumbre de qué significa "Nada. Aquí nomás." y "Tengo mucho trabajo" en la misma ventana).


De la misma manera, mis conversaciones telefónicas son realizadas con un fin específico como preguntarle a mi compañero de trabajo dónde dejó las facturas, la engrapadora, los clips, los sellos, los candados o las bolsas negras; avisarle a mi mamá que no llegaré a comer o contactarme con Memo por asuntos referidos a la tesis.

Es decir, que jamás hago una llamada para 'saludar', 'ver cómo estás', 'cotorrear' o 'platicar un rato', porque me he vuelto incapaz de entablar conversaciones con las personas.

He perdido la habilidad social de conversar exitosamente con otras formas de vida humana: clientes, familia, amigos, tenderos, contactos de msn, o taxistas.

Ahora me pregunto de qué podía hablar con mis amigos de la escuela si nos veíamos a diario. Me pregunto cómo en otros tiempos pudieron resultarme insuficientes los cinco minutos gratis que me proporciona el servicio de telefonía celular, si ahora no consigo extenderme más de un minuto en mis conversaciones telefónicas. Tampoco sé cómo antes podía pasar horas enteras frente al monitor iniciando -y sosteniendo- conversaciones con diferentes personas.

Hoy, que la comunicación intrapersonal es la única que sostengo, he olvidado de qué habla la gente.

¿Hablan sobre temas irrelevantes pero interesantísimos, como por ejemplo por qué los manteles de picnic siempre son a cuadros? ¿Platican sobre las penurias que arrastran desde hace meses o las cicatrices que éstas le produjeron? ¿Hablan de temas que preocupan a la población, como la influenza porcina o el desempleo? ¿Se quejan de la ineptitud de los gobernantes? ¿Sostienen conversaciones sobre las novedades de su vida?
Las últimas veces que intenté conversar con alguna persona, me di cuenta de que no había nada por decir: ¿Y cómo habría de haberlo si desde hace años que soy la misma, me gusta lo mismo, hago lo mismo? ¿Cómo habría de conversar con alguien si no acontece absolutamente nada digno de compartir? ¿Cómo consiguen las personas hablar con otras sin esforzarse por sostener una conversación fluida?
Ustedes, que son personas normales, con habilidades de contacto social perfectamente desarrolladas y en buen estado: ¿Podrían decirme de qué hablan con el mundo?